Alta Dirección

Lunes, 23 Enero 2017 13:17

¿Cuánto quieres arriesgar?

“Nunca podré es­tar seguro de si mi éxito en la vida pública valió mi fracaso como padre, pero sé de personas que tienen trabajos de poca importancia y que dedican a éstos las 24 horas del día, por lo que nunca ven a su familia y apenas van ganando el salario mínimo. Siempre tendrás que valorar cuánto de tu tiempo personal quieres arriesgar, cuándo decides aceptar un trabajo o aprovechar una oportunidad para convertirte en empresario.”

Daymond Garfield John empezó vendiendo gorras a 10 dólares afuera del Madison Square Garden, y ahora su marca FUBU factura 6.000 millones de dólares al año. Es una de las estrellas de Shark Tank, reality que fondea y desarrolla nuevos negocios. Entre los postulados de su “Biblia” está “arriesgar, aprovechar las necesidades del mercado y hasta sacrificar a la familia”.

Ya con el mode de alguien que ha transitado por arenas movedizas, y erigido un negocio próspero, Daymond cita tres prácticas que le cambiaron la vida.

Arriesgar. Cuando tejía el preludio de FUBU y andaba a la caza de un préstamo, puso como garantía la casa de su mamá y adquirió 100.000 dólares. “La casa repre­sentaba lo único que había tenido de valor en mi vida, y aposté con ella.”

Confiar. Asociarse lo llevó a confiar y a revelar todos los aspectos de su empren­dimiento. “Conocí a mucha gente que no estaba en la misma sintonía que yo; ahora, todos sabemos cuáles son nuestras responsabilidades.”

Sacrificar. Él lo explica: “Nunca podré es­tar seguro de si mi éxito en la vida pública valió mi fracaso como padre, pero sé de personas que tienen trabajos de poca importancia y que dedican a éstos las 24 horas del día, por lo que nunca ven a su familia y apenas van ganando el salario mínimo. Siempre tendrás que valorar cuánto de tu tiempo personal quieres arriesgar, cuándo decides aceptar un trabajo o aprovechar una oportunidad para convertirte en empresario.”

Hacia 2009, Daymond incursionó como mentor de empren­dedores dentro del programa Shark Tank, de la cadena ABC. […] Los emprende­dores presentan sus negocios y cualquiera de los inversionistas del panel puede tomar el riesgo de financiarlos.

El creador de la marca FUBU se mueve con mucho dominio dentro del “tanque de tiburones”. Desde la zona de los panelis­tas, vestido siempre de manera impecable, escucha las opciones de negocio, pone aten­ción en cada caso y no se tienta el corazón para descalificar a quienes no le resultan competentes. Se involucra con entre seis y diez empresas al año, a las que brinda apoyo financiero.

Daymond, además de instalarse en su pa­pel de emprendedor exitoso, es el director de Shark Branding, una empresa que ofrece servicios de marketing para firmas como Google+, San Antonio Talons, ShopiFy, SchoolTipline y Pitbull. Y, fiel a su costum­bre, festiva y simple, sostiene que entre las obligaciones básicas de un emprendedor está amar profundamente su trabajo. Después, dar pasos pequeños y alcanza­bles. “Debes aprender de todos los errores pequeños, porque no puedes pretender que alguien invierta en ti, para que luego despil­farres su dinero.”

Y el tercer punto que recomienda es acercarse a mentores adecuados, ya que siempre es necesario tener una red de apoyo, que esté dispuesta a estampar su nombre en el producto de tu empresa o en ti mismo. “Alguien que realmente te pueda dar las claves que necesitas.”

El mejor consejo; Daymond no lo dice así, pero es uno de sus mensajes entre líneas: los empresarios no salen de las macetas, no nacen; se forman con teson, inventiva y estrategia.

Y esto tiene que ver con una de las res­puestas más duras que le ha tocado dar; eso ocurrió con un joven que producía hebillas para cinturón y pedía una inyección de capital de 500,000 para hacer “despegar” su negocio. “¿Es buen negocio o no?”, le preguntó como si no tuviera ya la respuesta. “Me gus­ta el producto, pero el precio (20 dólares) es alto. Es un artículo que no me parece funcional y, aparte, no ofrece nada diferente de lo que hay en el mercado. Trabajaste muy duro por destruir tu oportunidad. Pierdes tu tiempo y me haces perder el mío”, le dijo.

Así, este “tiburón” asesta su última mor­dida: “Los jóvenes empresarios creen que el dinero en sí mismo va a crear la empresa, y se lanzan sin tener pruebas de concepto; no saben quiénes son sus clientes ni dónde están. Deberían tener una mejor idea de que, un buen producto es un bien que resuelve un problema, satisface una necesidad o ayuda a mejorar la calidad de vida de la gente.”

Por Jorge Cervantes.

 

Dejanos tu comentario