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Viernes, 09 Febrero 2018 13:39

El Lobby, Una Máquina de “Persuasión”

El Lobby, una práctica casi natural e incluso necesaria que data desde principios del siglo XVIII en Inglaterra y hasta nuestros días en todo el mundo, parece ser un pez jabonoso que las manos de los legisladores no pueden atrapar y menos controlar. Esta práctica que a la luz pública parece ser el pecado original, es mencionada, tratada, legislada y modificada en incontables hojas apiladas en los congresos nacionales que buscan la fórmula perfecta sin obtener resultados al menos satisfactorios. El “Lobby” o “Cabildeo”, se muestra como un mal necesario, el cual goza de una reputación dudosa, pero que está llena de prejuicios y beneficios poco difundidos.

Pero, antes que todo, aclaremos qué es el Lobby y contextualicemos.

Lobby significa “grupo de presión”, el cual puede ser ciudadano, empresarial, sindical u otro que busque influir en las decisiones políticas que puedan afectar a determinados intereses comunes.

Aquí es bueno aclarar un punto, el Lobby puede ser de carácter positivo o negativo, esto dependerá de qué lado de la mesa te encuentres.

Podríamos decir que esta actividad es la expresión misma de la democracia, ya que brinda la posibilidad a la ciudadanía de plantear posiciones y argumentos directamente a sus Representantes en el parlamento o, de forma indirecta, en caso de asesores, pero que en definitiva apuntan a defender una causa específica. Si bien esta práctica está abierta a toda la ciudadanía, los actores más asiduos a utilizarla son las grandes compañías y multinacionales que operan en los distintos sectores. Entre los más representativos, dado su impacto social y económico, están: energía, salud, financiero y construcción.

Kennedy respecto al Lobby: “los lobistas me hacen entender un problema en 10 minutos, mientras que mis colaboradores tardan tres días”.

La cantidad de Lobbies en el mundo es indeterminada, ya que su absoluta discreción y su falta de regulación en la mayoría de los países hacen muy difícil la tarea de contabilización. Sin embargo, basados en la formalidad de registros, se ha detectado que la “capital” del Lobby es Washington y su “sede principal” Bruselas. En la capital estadounidense se albergan los Lobbies más importantes del mundo y el registro de representantes de la actividad está en los 15.000. Mientras que en la ciudad sede del parlamento europeo, esta actividad emplea alrededor de 30.000 personas.

Para Latinoamérica la tarea es mucho más difícil, ya que sólo Chile y Perú cuentan con una Ley promulgada respecto a éste tema. México tiene una norma que rige dentro del parlamento; Colombia anexó un artículo al Código Penal y; Argentina posee un decreto. Todos los demás países aún no tienen una legislación que trate éste asunto. Por lo anterior, es casi imposible determinar una cantidad si no existe registro.

En cuanto a las cifras que giran en torno a esta actividad, me limitaré a decir que en Estados Unidos los Lobbies se gastan unos 3.200 millones de dólares anuales y en Europa bordea los 3.000, esto sin contar donaciones a campañas políticas.

La relación entre las compañías y los Lobbies.

Los grupos o comunidades interesadas en una determinada legislación tratan de imponer sus términos de diversas maneras: Puede ser a través de un profesional independiente. Un personaje influyente, quien realiza trabajos específicos y que cobra honorarios por su gestión; Otra modalidad es que el grupo contrata una empresa consultora que cuenta con un staff de lobistas que trabaja de forma permanente relacionándose con los círculos de poder. En ambos casos, los asesores intervienen, exponen y hacen todo lo posible para “persuadir” a los parlamentarios a cargo de la legislación de que los argumentos de su cliente son los más apropiados para la promulgación.

El principal error y el origen del problema es tratar de tapar el sol con un dedo. Me refiero con esto a tratar de ocultar una práctica que está instaurada hace varios siglos y, lo más probable, que se siga ejerciendo por muchos más.

Existe otra forma de influir, pero que no está dentro del marco de la ley, o lo está, pero con vacíos legales, éste es el aporte a las campañas políticas. Las empresas apoyan económicamente al político para su elección, pero una vez en el ejercicio del cargo, éste está forzado a votar en beneficio de la empresa que lo respaldó.

En todos los casos, el objetivo es que la ley, una vez en curso, beneficie los intereses del cliente.

El Perfil del Lobista

Es particular, no cualquier persona puede desempeñarse como tal, ya que esta labor exige estar preparado(a) para influir de forma efectiva y consistente en las decisiones que se dictan en el hemiciclo. El estereotipo de estos personajes “oscuros” lo conforman algunas características generales que suelen repetirse en cada uno, pero que no son estrictas al momento de ejercer: lo primero es que cuentan con una importante red de contactos, dentro y fuera de los pasillos del parlamento; son ex-funcionarios públicos o ex-políticos; la mayoría son profesionales, generalmente, del área del derecho, las ciencias políticas, las comunicaciones y la medicina, aunque no se limitan sólo a estas; se especializan en una materia o campo de acción, por ejemplo: farmacéuticas, medio ambiente, tabacaleras, etc.; A nivel internacional, en las grandes ligas, encontramos que la mayoría son políglotas. En cuanto a sus aptitudes, podemos destacar su capacidad de retórica y su poder de “persuasión”.

Una vez expuesta la actividad y conocido el modus operandi de la misma, podremos inferir sobre la causa del rechazo que la ciudadanía tiene sobre ella. Porque no todo puede ser miel sobre hojuelas.

Entonces ¿Cuáles son los aspectos de esta actividad que la han transformado, al menos, en cuestionable? La respuesta a esta pregunta la conforman varios factores, los cuales son homologables en casi todos los países, aunque me limitaré a nombrar sólo los más relevantes para no derivar en aspectos específicos. Los factores negativos que destacaré se han entrelazado uno tras otro de forma progresiva y han conformado una madeja difícil de desenredar.

El principal error y el origen del problema es tratar de tapar el sol con un dedo. Me refiero con esto a tratar de ocultar una práctica que está instaurada hace varios siglos y, lo más probable, que se siga ejerciendo por muchos más. Por ende, el no reconocer su existencia y tratar de esconderla, no permite su regulación eficiente. Esto provoca una desconfianza justificada ante la falta de transparencia por parte de las autoridades.

PriceWarerHouseCoopers (México, 2014)…Cobraba US$1 millón por artículo modificado y US$70.000 por cada reunión con parlamentarios.

Ahora bien, supongamos que se ha regulado y está por escrito la ley tan ansiada, se presenta un nuevo desafío en esta comedia de situaciones, lograr que se cumpla su regulación, ya que en la mayoría de los países que reglamentan esta práctica, tienen el problema del “no registro”, es decir, cómo vas a controlar a un lobista si no está registrado como tal. Sólo en Estados Unidos se ha llegado a cifras importantes de inscripción, pero se estima que un importante porcentaje actúa aún en la clandestinidad. En Europa éste trámite es voluntario y en la Latinoamérica sólo Chile y Perú tienen una ley que lo regula.

Pero si pensaste que con una ley se resolvería todo, te puedo decir con certeza que no estás en lo correcto, ya que “hecha la Ley hecha la trampa”. Los vacíos legales comienzan a operar apenas es promulgada la ley (o antes). Por ejemplo, una práctica astuta y que no está fuera de la ley, es registrarse en el parlamento como agencia de comunicaciones o de medios, esto les permite a los lobistas tener acceso a todos los parlamentarios e interactuar con ellos tal como lo hace un periodista acreditado. ¿Interesante no? Yo también me sorprendí cuando lo supe, pero más me sorprendí cuando me enteré que en uno de los casos el dueño de la agencia era un ex-ministro de la República y que aún opera de la misma manera.

Los factores mencionados anteriormente son sólo algunos de los muchos problemas que acarrea esta actividad, los cuales derivan en situaciones sucias de corrupción casi caricaturescas, lideradas por el soborno y la extorsión.

Para hacer más gráfico mi análisis, quisiera citarles algunos casos en que el Lobby ha sido el protagonista y que seguro los recuerdan por su repercusión mediática:

Roaming Gratis (Europa, 2016): Las compañías de telefonía intentaron por todos los medios que no se aprobará esta ley ya que dejarían de percibir millones de euros anuales por éste concepto, para ello sus lobistas sostuvieron más de 20 reuniones con los parlamentarios. El resultado fue que lograron que se incluyera una enmienda. Sin embargo, previo a su promulgación esta enmienda fue retirada, ya que los Lobistas de Google, Amazon y Facebook, hicieron de las suyas y lograron la libre utilización de los teléfonos sin costos adicionales.

PriceWarerHouseCoopers (México, 2014): Cuando el congreso mexicano discutía la ley de impuestos a las ganancias en Bolsa y a la Renta, la consultora se ofrecía como representante (Lobista) para intervenir ante los parlamentarios y lograr beneficios para sus clientes. Cobraba US$1 millón por artículo modificado y US$70.000 por cada reunión con parlamentarios. Finalmente, un periódico mexicano publicó un documento formal de la consultora donde se hacía evidente esta gestión. A pesar del escándalo, todo quedó en nada.

Corpesca (Chile, 2013): Ante la discusión de la Ley de Pesca en Chile, la empresa pesquera introdujo aprobaciones y desaprobaciones a favor de sus intereses, mediante el pago de incentivos irregulares a algunos parlamentarios y conseguir su votación. Resultado, parlamentarios y ejecutivos de la empresa formalizados.

Estos son sólo tres casos reales de Lobby, sin embargo, existen muchos otros ejemplos de Lobistas, tales como: petroleras contra energía eléctrica en los automóviles, energía nuclear versus energías renovables, Uber versus servicio de taxis tradicionales, banca versus bitcoin, hoteles versus Airbnb, entre otras.

En conclusión y luego de haber leído varios textos al respecto, pienso que la mejor manera de borrar o, al menos, disminuir los casos de corrupción en que visualizamos a hombres paseándose por los pasillos del parlamento con un maletín negro en mano y corriendo tras los pasos de senadores y diputados, es la de regular y transparentar esta actividad de forma profunda y rigurosa a través de leyes robustas que no permitan dobles lecturas del lobby y que sancionen de manera ejemplar a todos los involucrados en una mala práctica.

Además, es justo agregar que en mi indagación encontré muchos casos de lobby positivo y causas loables que esperan resolución en los diferentes parlamentos como son las medioambientales, de igualdad social, igualdad de género, entre otras.

Finalmente, les dejo una frase que dijo el presidente Kennedy respecto al Lobby: “los lobistas me hacen entender un problema en 10 minutos, mientras que mis colaboradores tardan tres días”.

 

Ignacio Monje / Experto en Linkedin

www.ignaciomonje.com

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